

¡Hola, Gourmets!
Hoy vamos a preparar uno de los reyes indiscutibles de nuestra gastronomía: un buen flan de huevo. Hubo un tiempo en que este postre reinaba en todas las cartas y mesas, y aunque a veces ha quedado eclipsado por opciones más modernas, la verdad es que un dulce casero de toda la vida nunca pasa de moda.
Que no os engañe su sencillez, porque hacer un postre tradicional como mandan los cánones tiene su aquel. No es difícil, pero la clave está en el mimo. Yo suelo decir que el secreto de un flan liso y sedoso, sin esos temidos agujeritos, está en cómo tratamos los ingredientes. ¡Vamos a ponernos el delantal!
Antes de empezar, tened en cuenta un par de consejos. Para que no salgan agujeros, es imprescindible remover la mezcla, no batirla. Si batimos, incorporamos aire, y ese aire se convierte en burbujas durante el horneado. Además, cocinaremos al baño María; un pequeño truco de cocina es poner las cáscaras de los huevos en el agua de la bandeja para que esta no hierva a borbotones ni salpique dentro de nuestras flaneras. Por último, ¡paciencia! Un reposo de 24 horas en la nevera hará que la textura asiente a la perfección.
Podéis acompañarlo con un buen copete de nata montada, guarnecerlo con frutas variadas o disfrutarlo tal cual, bañadito en su propio caramelo. ¡Espero que lo disfrutéis muchísimo en casa!
* ATENCIÓN: La información sobre alérgenos ha sido interpretada por Inteligencia Artificial y no se garantiza su veracidad. Queda bajo explícita responsabilidad del usuario valorar qué alérgenos puede contener la receta.